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El desarrollo de la ciencia a lo largo de la historia ha sido posible gracias a que existen ciertas teorías que los científicos, como grupo, reconocen universalmente. Esos son los llamados paradigmas. Ellos facilitan la labor científica, ya que establecen unas bases alrededor de las cuales se pueden resolver diversos enigmas. En otras palabras, la solución de los problemas, a nivel científico, suele hacerse con base en un modelo previamente establecido y que se acomoda a dichos problemas. Si no existieran dichas bases previas de las cuales partir en búsqueda del conocimiento y, por el contrario, hubiera que hallar bases individuales para cada teoría existente, la labor científica sería sumamente engorrosa, sólo unos cuantos estarían dispuestos a ejercer dicha labor y el progreso de la ciencia se daría a niveles supremamente lentos.
Sin embargo, la historia nos ha demostrado que dichos modelos no son eternos. A medida que aparecen más y más enigmas pendientes de hallar su solución, cada vez se hacen más evidentes las incompatibilidades existentes entre los elementos constitutivos de los nuevos enigmas y las soluciones que ofrecen los modelos previamente existentes. Entonces surge la crisis, el no poder resolver los enigmas nuevos con los antiguos modelos o, como se dice en el imaginario popular, “perro viejo no aprende trucos nuevos”. Si no se hiciera nada, si se siguiera creyendo en los viejos modelos a pesar que ya no responden a los nuevos retos, la ciencia se habría estancado miles de años atrás. Es por esto que resulta de vital importancia el constante desarrollo de nuevos paradigmas que renueven y faciliten la labor científica. Con el desarrollo de nuevos modelos paradigmáticos que se ajusten constantemente a los nuevos enigmas que vayan surgiendo, se garantiza un constante avance científico que siempre propenderá por una mejor comprensión del mundo y, por tanto, más facilidades para la humanidad.
Podemos concluir que el desarrollo de nuevas teorías científicas se hace con base en modelos preestablecidos, llamados paradigmas, y que es de vital importancia que éstos sean revocados y reemplazados una vez surjan nuevos enigmas que requieran una nueva concepción científica del mundo para ser explicados. Es una invitación a derrumbar, de una vez por todas, el mito de la verdad absoluta.
Bibliografía
• ABBAGNANO, Nicolás. Historia de la filosofía, tomo V.
• CHALMERS, Alain. ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Madrid. Siglo XXI. 1998.
• KUHN, Thomas. La estructura de las revoluciones científicas. México. FCE. 1971.


